La mesa escritorio
La primera vez que la vi, estaba en el patio trasero de la casa de mi suegra. Llamó mi atención porque a pesar del deterioro que sufría, la lluvia y el sol habían hecho desaparecer todo el barniz que un día la cubriera; la tabla superior estaba abombada y a pesar de ello tenía un porte digno y elegante.
Mientras volviamos le comenté a mi marido la posibilidad de restaurarla y traérnosla; se quedó sorprendido:
-¿Esa mesa? - dijo con desprecio.
-Sí argumenté- es de caoba es una madera noble y solo hay que quitarle de encima esa capa que la lluvia y el sol ha dañado.
Pero ¿donde la vamos a poner? - quiso saber, a lo cuál le contesté- En la entrada quedaría muy bien.
¿ En la entrada una mesa-escritorio? Además es muy grande para esta entrada.
Quedará muy bien, ya lo verás. ¡Como vamos a dejarla en el patio de tu madre para que termine pudriéndose!.
La llevamos a un taller de restauración y nada más verla el señor que nos atendió nos ofreció una suma bastante elevada de dinero por ella. Salté como un muelle y le dije “no”, con tal energía que me miró extrañado, y añadí llevaba en la familia toda la vida, desde que la compraron los abuelos.
Cuando fuimos a recogerla, la reconocí enseguida; estaba preciosa de un rojo oscuro casi negro, y con sus relucientes tiradores de bronce, sus patas torneadas. Sin embargo era la misma que había estado en el patio, la reparación solo había resaltado su porte de elegancia.
La llevamos a casa y la pusimos en la entrada, y en la pared le colge un cuadro que representaba un patio andaluz enlozado con una fuente en el plano principal y con arriates de flores que cubrian los laterales. Entonces como si la mesa-escritorio hablara me comentó que se sentía en casa se acordaba de cuando la llevaron a la casa del pueblo medio-casa, medio-palacete y la instalaron en el despacho de la planta superior junto a la ventana que daba al patio trasero y como en el cuadro tenía una fuente, que refrescaba con su sonido de agua las tardes de verano.
Cuando llegaba, la primera que me recibía era “ella”, tan elegante y reluciente; y creo que todavía espera que vuelva.
3 comentarios:
Hola Maria Gracia, llego a tu blog desde el blog de la iaia, donde he visto que tenías la foto de los relatos de este sábado sin embargo no estabas en la lista de participantes del blog de la conductora de esta semana Teresa Cameselle http://teresacameselle.blogspot.com/
lo que no se es si ha sido un olvido o no quisiste participar en el encuentro de los sábados.
Bueno, despues del royo te diré que me ha gustado mucho tu entrada, a mi me ha parecido una vivencia real y maravillosa, ya quisiera yo tener un mueble que luciera así de orgulloso cada vez que llegara a mi casa, además con el añadido de ser un mueble familiar que además es un orgullo
Un saludo de Mar
Gracias Mar, pero no ha sido olvido, solo que con el nivel que hay de participantes, no he tenido valor para participar, pero lo he colgado en mi blog sencillamente sin ninguna pretensión, te puedo decir que la mesa es preciosa y además se quedó en mi otra casa y creo que secretamente espera mi llegada.
Hola Maria Gracia, sólo quería decirte que tu entrada no desmerece nada, a mi me encantó y creo que a los demás también les hubiera gustado, es cierto que hay gente con mucho nivel pero también estamos otros ( por lo menos yo) que aportamos lo que buenamente podemos, lo importante es que nos lo pasemos bien, espero que para otra vez te animes.
Un beso de Mar
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